LA NECESIDAD DE LA GRABACIÓN DE LAS INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS, EN LOS CASOS DE NEGLIGENCIA MÉDICA.

 


 

Nos gustaría compartir con vosotros el artículo que nuestro compañero Jose Luis Órtiz publicó en el Diario de Cádiz a raiz de la sentencia sobre la presunta negligencia médica que conllevó la muerte del cantaor Enrique Morente. En su reflexión se recalca la necesidad de la grabación de las intervenciones quirúrgicas, al igual que se hace en otros ámbitos como el Judicial, como prueba en casos de mala praxis. 

 

“TODOS SOMOS MORENTE (por Jose Luis Ortiz Miranda).

El sábado 26 de enero fui testigo-telespectador en el programa de televisión El Gran Debate de una desgarradora y escalofriante entrevista televisiva a la viuda del maestro Enrique Morente y a su yerno, el torero Javier Conde. Ambos explicaban, con absoluta indignación, las maniobras y tejemanejes que -presuntamente – el cirujano Enrique Moreno y su equipo quirúrgico estaban poniendo en práctica para eludir la acción de la justicia.

La familia Morente se encuentra en la tesitura que da la incertidumbre que produce la falta de información, la falta de claridad y el enorme cúmulo de contradicciones por parte de los facultativos y hospital que atendieron al maestro Morente y que desembocó en su terrible pérdida.

A raíz de este caso, pienso en cuántas familias anónimas como las de Morente sufren la impotencia que da la falta de información, que les induce legítimamente a incurrir en sospechas; y lo difícil que resulta demostrar ante un tribunal la existencia de negligencia: ello simplemente se evitaría si se grabase la intervención quirúrgica. El que no tiene nada que ocultar, nada tiene que temer. Esta entrevista me ha hecho reflexionar, y me hace volver, como abogado especializado en derecho sanitario, a la vieja y ansiada demanda de los pacientes: que se obligue por ley a grabar las intervenciones quirúrgicas, al menos las de cirugía mayor.

Ya está bien de que determinados cirujanos negligentes se parapeten y blinden maquillando después de las intervenciones las hojas de quirófano, ocultando la verdad y escribiendo en ellas lo que más les convenga.

Me decía un gran cirujano amigo mío que trabaja en la sanidad pública: “Es una vergüenza; cuando alguien se nos muere… cogemos la historia clínica y nos ponemos a escribir”.

¿Qué problema hay con que se graben las intervenciones quirúrgicas? ¿Nos da miedo la transparencia?

Señor, ¿no se graban los juicios en la Administración de Justicia y nadie se raja la camisa? En medicina, aún más, todo el mundo tendría cabal conocimiento de lo que pasó y cómo pasó y sobre todo si lo que falló es imputable a una fatalidad, caso fortuito o fuerza mayor, o por el contrario a alguna mala praxis imputable a la organización/funcionamiento del hospital o al propio cirujano y/o equipo quirúrgico, anestesista, circulante o instrumentista.

Grabar las operaciones quirúrgicas es avanzar en nuestro sistema de derechos civiles, en su vertiente del derecho a la información del usuario de la salud pública. Es avanzar en prestar un servicio sanitario digno y eficiente, y que no se le esté produciendo un daño antijurídico, el cual, no tiene el deber jurídico de soportar: la vida es el bien más preciado y más digno de protección.

Grabar las intervenciones quirúrgicas es hacer una sociedad mejor, más responsable con sus propios actos y más garantista hacia el más débil: el paciente frente a la poderosa máquina del sistema de Seguridad Social. En los países escandinavos, Suecia, Dinamarca y Finlandia, que nos dan cuarenta vueltas en democracia avanzada, se graban.

¿Por qué la sanidad española parece tener miedo a la verdad? La verdad nos hará libres. Cuando en su Autobiografía Benjamin Franklin establece el catálogo de las trece virtudes morales, que a título personal intentó adquirir en vida, habla de la justicia y la define como “no perjudicar a nadie diciendo injurias y falsedades, u omitiendo las buenas obras a que estamos obligados”.

El caso Morente, junto con el caso Antonio Meño, ha metido el problema de las negligencias médicas en el mapa de España. En nuestra querida piel de toro, respecto a la medical liability (responsabilidad civil médica), desgraciadamente, las cosas no son como en Estado Unidos. Véase lo que ha tardado la justicia en poner las cosas en su sitio en el caso del médico de Michael Jackson.

Aquí nunca ha habido cultura de reclamación de responsabilidad médica. Desengañémonos. Aquí, tradicionalmente, cuando alguien fallecía en un quirófano, en una población de nuestra geografía nacional, porque se producía un fallo gordo, se escuchaba: “Si Dios se lo ha llevado, estaría de Dios, pero el cirujano… es una eminencia”.

Será una eminencia, pero, por favor, los cracks también meten la pata.. ¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida, en su entorno familiar o círculo de amistades algún conocimiento de alguna negligencia médica clarísima? No son cosas de otro planeta, ni de laboratorio, no son cosas raras. Pasan todos los días y no hacen distingos entre pobres y ricos, altos o bajos. Al que le toca, le toca. Es, en fin, una lotería azarosa.

Sólo de diez a quince años a esta parte, tímidamente, la jurisprudencia patria empieza a abrir la mano y se ven las primeras sentencias, inicialmente de los Juzgados de Instancia e Instrucción, luego de las Audiencias Provinciales y recientemente del Tribunal Supremo, que empiezan a dar la razón a los pacientes. Los tribunales de justicia, como no podía ser de otra manera, no han permanecido insensibles ante determinados atropellos y el sufrimiento de muchos ciudadanos que son, sin comerlo ni beberlo, víctimas inocentes de una negligencia médica. Al que le toca, le toca.

El caso Morente debe servirnos colectivamente para abrir los ojos y tomar conciencia de que los médicos (y todos los profesionales liberales) no son infalibles. Y que errare humanum est. ¿Quién no se equivoca, si hasta a los magistrados más brillantes algunas veces les revocan sus sentencias otros jueces superiores jerárquicamente?

De la enternecedora y dramática entrevista televisiva me quedo con el mensaje de la viuda: no quiero dinero, lo hago para que a otros no les pase lo mismo. Mi más encendida admiración.

Todos somos Morente, frase que da título a este artículo de opinión, significa que tras este caso se esconden cientos, no, miles de víctimas anónimas de negligencias médicas que sufren calladamente y no han tenido, ni de broma, la repercusión mediática del tristemente fallecido maestro, pero que siguen estando ahí.

A ellos, a ellos, van dedicadas estas palabras. Bienaventurados los humildes…”