NEGLIGENCIAS MÉDICAS MÁS COMUNES

Las negligencias se pueden dividir en varios grupos, que por su importancia tienen que estar en la cabeza de los médicos para evitarlas:

  • INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS ERRÓNEAS

Las consecuencias de estas intervenciones quirúrgicas son empeoramiento de las lesiones primitivas fallecimientos, tetraplejias, parálisis… Puede darse por un error de diagnóstico o un error en la interpretación de las pruebas efectuadas. No es extraño encontrarse que un cirujano se ha olvidado material quirúrgico dentro del cuerpo del paciente.

  • EMPLEO INADECUADO DE LOS MEDIOS DE DIAGNÓSTICO

La tardanza en la utilización de los medios adecuados o la falta de coordinación genera situaciones no deseadas con consecuencias directas para los pacientes. Tiene una incidencia especial en los procesos oncológicos.

  • DESATENCIÓN AL CONSENTIMIENTO INFORMADO

La información previa al paciente y las consecuencias de los actos médicos, especialmente en cirugías de muchos tipos, son determinantes a la hora de la toma de decisión por parte del paciente y su entorno. La propia necesidad de tener conocimiento de todos los factores es una ayuda para que el cirujano haga un trabajo correcto. La falta de atención al Consentimiento Informado no es un error administrativo exclusivamente, es un error que puede generar situaciones no deseadas.

  • INFECCIONES HOSPITALARIAS

El perfecto seguimiento de los protocolos de actuación ayuda a evitar los contagios sanguíneos de enfermedades como SIDA, hepatitis… A la vez la correcta esterilización agujas, sondas, etc permite que haya menos riesgo de contagio en quirófanos causados por las bacterias del entorno.

  • FALTA DE ATENCIÓN EN URGENCIAS

Las urgencias son un foco de tensión porque el paciente está en situaciones “extremas” en muchas ocasiones. La ausencia del facultativo en el momento del ingreso, no darle la importancia adecuada a un síntoma o a una prueba puede generar situaciones que conllevan graves problemas para los médicos.

  • RESULTADO NO DESEADO EN CIRUGÍA ESTÉTICA

Las liposucciones, procesos de adelgazamiento y otros tratamientos con resultados no satisfactorios pueden completar unos problemas directos sobre el médico por que las expectativas del paciente no coinciden con los resultados.

Si cree que ha sido víctima de una mala asistencia médica no dude en contactar con nosotros cuanto antes y exponernos su caso.

Por GARCÍA-VALCÁRCEL Y CÁCERES ABOGADOS

 




YO TAMBIÉN FUI VÍCTIMA

En 1998 fui víctima de una negligencia médica.   Me tenían que extirpar unos pólipos en el colon.   El procedimiento a seguir sería por endoscopia, o colonoscopia, y según me dijo el médico era de menos importancia que sacarme una muela, y que podría irme a casa tranquilo esa misma tarde.

Sin embargo no fue así.

Uno de los pólipos estaba muy arraigado.   Según supe mucho más tarde, ante tal situación cabían dos posibilidades.    O intentar quitarlo, con el riesgo de perforar la pared del colon, o pasar a cirugía, abrir el abdomen, cortar el trozo de colon afectado y unir los extremos luego.   El médico no me preguntó.   Decidió él, y decidió seguir intentando quitar el pólipo.   Cuando terminó me dijo que me fuera a casa, que no cenara mucho, y me dio su número de móvil por si me pasaba algo.    ¡Demasiado bien sabía que me había perforado el colon!

A las cuatro de la madrugada me desperté ardiendo de fiebre.   Vomitaba y evacuaba a chorros.   Me sentía morir.   Se me había instalado una peritonitis fecal.

Trasladado en ambulancia a Urgencias de La Vega, el médico que me había intervenido acudió ¡y se negó a admitir que fuera peritonitis!   Se avisó al cirujano de guardia, que al verme cómo estaba se llevó las manos a la cabeza.  Yo estaba medio inconsciente, pero le entendí perfectamente cuando se puso a los pies de mi cama, mientras mi hija Raquel me ponía paños de agua fría en la frente, y me dijo: “Pedro, te voy a abrir y te voy a limpiar por dentro.   ¿Estás de acuerdo?”.   Naturalmente que dije que sí, y poco después me intervino.   Me quitó cuarenta centímetros del colon, que estaban podridos.   Me colocó un ano artificial, y durante cuatro meses tuve que llevar una bolsa de plástico colgando del costado.   Un infierno.

El médico que me causó la lesión, que no quiso reconocer, hasta el punto de oponerse a que me intervinieran de urgencia, aunque me hubiera muerto de peritonitis, confesaría más tarde a un colega: “Lo que más me fastidia es que este enfermo me ha roto la estadística”.

Desde entonces ya no fui el mismo, y además por diversos motivos, no relacionados con lo relatado, he tenido que entrar en un quirófano ya no sé cuantas veces, e ingresar en un hospital, UCI incluida, otro montón más.   Por eso conozco perfectamente cómo se siente un enfermo cuando entra en un hospital.    En ellos he visto cosas buenas y malas.   Gente maravillosa y gente despreciable.   Buenas y malas prácticas.

Siempre digo que la inmensa mayoría de los actos médicos que se realizan, desde una simple inyección hasta el trasplante más complicado, se llevan a cabo por profesionales altamente cualificados y responsables.   Pero hay una minoría de casos en que no es así; y otros en que pese a que el profesional pueda ser maravilloso, como humano que es se puede equivocar y causar un daño que pudo y debió evitar.   Son estos los que perseguimos.   Pero antes nos aseguramos muy bien de que realmente se trata de un caso de negligencia médica.   Nuestros resultados avalan esta forma de actuar: 92% de casos ganados en la jurisdicción civil.

 

Por Pedro A. García-Valcárcel Escribano (Cofundador de GV&C)