LA NECESIDAD DE LA GRABACIÓN DE LAS INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS, EN LOS CASOS DE NEGLIGENCIA MÉDICA.

 


 

Nos gustaría compartir con vosotros el artículo que nuestro compañero Jose Luis Órtiz publicó en el Diario de Cádiz a raiz de la sentencia sobre la presunta negligencia médica que conllevó la muerte del cantaor Enrique Morente. En su reflexión se recalca la necesidad de la grabación de las intervenciones quirúrgicas, al igual que se hace en otros ámbitos como el Judicial, como prueba en casos de mala praxis. 

 

“TODOS SOMOS MORENTE (por Jose Luis Ortiz Miranda).

El sábado 26 de enero fui testigo-telespectador en el programa de televisión El Gran Debate de una desgarradora y escalofriante entrevista televisiva a la viuda del maestro Enrique Morente y a su yerno, el torero Javier Conde. Ambos explicaban, con absoluta indignación, las maniobras y tejemanejes que -presuntamente – el cirujano Enrique Moreno y su equipo quirúrgico estaban poniendo en práctica para eludir la acción de la justicia.

La familia Morente se encuentra en la tesitura que da la incertidumbre que produce la falta de información, la falta de claridad y el enorme cúmulo de contradicciones por parte de los facultativos y hospital que atendieron al maestro Morente y que desembocó en su terrible pérdida.

A raíz de este caso, pienso en cuántas familias anónimas como las de Morente sufren la impotencia que da la falta de información, que les induce legítimamente a incurrir en sospechas; y lo difícil que resulta demostrar ante un tribunal la existencia de negligencia: ello simplemente se evitaría si se grabase la intervención quirúrgica. El que no tiene nada que ocultar, nada tiene que temer. Esta entrevista me ha hecho reflexionar, y me hace volver, como abogado especializado en derecho sanitario, a la vieja y ansiada demanda de los pacientes: que se obligue por ley a grabar las intervenciones quirúrgicas, al menos las de cirugía mayor.

Ya está bien de que determinados cirujanos negligentes se parapeten y blinden maquillando después de las intervenciones las hojas de quirófano, ocultando la verdad y escribiendo en ellas lo que más les convenga.

Me decía un gran cirujano amigo mío que trabaja en la sanidad pública: “Es una vergüenza; cuando alguien se nos muere… cogemos la historia clínica y nos ponemos a escribir”.

¿Qué problema hay con que se graben las intervenciones quirúrgicas? ¿Nos da miedo la transparencia?

Señor, ¿no se graban los juicios en la Administración de Justicia y nadie se raja la camisa? En medicina, aún más, todo el mundo tendría cabal conocimiento de lo que pasó y cómo pasó y sobre todo si lo que falló es imputable a una fatalidad, caso fortuito o fuerza mayor, o por el contrario a alguna mala praxis imputable a la organización/funcionamiento del hospital o al propio cirujano y/o equipo quirúrgico, anestesista, circulante o instrumentista.

Grabar las operaciones quirúrgicas es avanzar en nuestro sistema de derechos civiles, en su vertiente del derecho a la información del usuario de la salud pública. Es avanzar en prestar un servicio sanitario digno y eficiente, y que no se le esté produciendo un daño antijurídico, el cual, no tiene el deber jurídico de soportar: la vida es el bien más preciado y más digno de protección.

Grabar las intervenciones quirúrgicas es hacer una sociedad mejor, más responsable con sus propios actos y más garantista hacia el más débil: el paciente frente a la poderosa máquina del sistema de Seguridad Social. En los países escandinavos, Suecia, Dinamarca y Finlandia, que nos dan cuarenta vueltas en democracia avanzada, se graban.

¿Por qué la sanidad española parece tener miedo a la verdad? La verdad nos hará libres. Cuando en su Autobiografía Benjamin Franklin establece el catálogo de las trece virtudes morales, que a título personal intentó adquirir en vida, habla de la justicia y la define como “no perjudicar a nadie diciendo injurias y falsedades, u omitiendo las buenas obras a que estamos obligados”.

El caso Morente, junto con el caso Antonio Meño, ha metido el problema de las negligencias médicas en el mapa de España. En nuestra querida piel de toro, respecto a la medical liability (responsabilidad civil médica), desgraciadamente, las cosas no son como en Estado Unidos. Véase lo que ha tardado la justicia en poner las cosas en su sitio en el caso del médico de Michael Jackson.

Aquí nunca ha habido cultura de reclamación de responsabilidad médica. Desengañémonos. Aquí, tradicionalmente, cuando alguien fallecía en un quirófano, en una población de nuestra geografía nacional, porque se producía un fallo gordo, se escuchaba: “Si Dios se lo ha llevado, estaría de Dios, pero el cirujano… es una eminencia”.

Será una eminencia, pero, por favor, los cracks también meten la pata.. ¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida, en su entorno familiar o círculo de amistades algún conocimiento de alguna negligencia médica clarísima? No son cosas de otro planeta, ni de laboratorio, no son cosas raras. Pasan todos los días y no hacen distingos entre pobres y ricos, altos o bajos. Al que le toca, le toca. Es, en fin, una lotería azarosa.

Sólo de diez a quince años a esta parte, tímidamente, la jurisprudencia patria empieza a abrir la mano y se ven las primeras sentencias, inicialmente de los Juzgados de Instancia e Instrucción, luego de las Audiencias Provinciales y recientemente del Tribunal Supremo, que empiezan a dar la razón a los pacientes. Los tribunales de justicia, como no podía ser de otra manera, no han permanecido insensibles ante determinados atropellos y el sufrimiento de muchos ciudadanos que son, sin comerlo ni beberlo, víctimas inocentes de una negligencia médica. Al que le toca, le toca.

El caso Morente debe servirnos colectivamente para abrir los ojos y tomar conciencia de que los médicos (y todos los profesionales liberales) no son infalibles. Y que errare humanum est. ¿Quién no se equivoca, si hasta a los magistrados más brillantes algunas veces les revocan sus sentencias otros jueces superiores jerárquicamente?

De la enternecedora y dramática entrevista televisiva me quedo con el mensaje de la viuda: no quiero dinero, lo hago para que a otros no les pase lo mismo. Mi más encendida admiración.

Todos somos Morente, frase que da título a este artículo de opinión, significa que tras este caso se esconden cientos, no, miles de víctimas anónimas de negligencias médicas que sufren calladamente y no han tenido, ni de broma, la repercusión mediática del tristemente fallecido maestro, pero que siguen estando ahí.

A ellos, a ellos, van dedicadas estas palabras. Bienaventurados los humildes…”




LA PRUEBA PERICIAL EN LOS ASUNTOS DE RESPONSABILIDAD SANITARIA

La prueba de peritos es la definitiva en los asuntos de negligencia médica.  A través de este medio de prueba se ilustra al juez o al tribunal sobre los aspectos técnicos del caso; por ello la Ley exige de ellos máxima objetividad e imparcialidad, sancionando incluso como delito el incumplimiento de estos deberes en su labor como peritos.

Sin disponer de un informe pericial médico sobre el que apoyar nuestros argumentos es prácticamente inviable obtener éxito en una reclamación judicial por mala asistencia sanitaria.

Ni los abogados ni los pacientes/perjudicados tenemos conocimientos suficientes, ni autoridad, para afirmar si una determinada actuación médica ha causado un daño a alguien.  Podemos intuirlo, pero si no hay un médico que afirme que se ha actuado fuera de la lex artis (técnica médica) y que ello ha causado un daño, nada podremos conseguir.  Sin peritaje no hay caso.

Por tanto, tras la primera cita con el cliente recopilaremos toda la documentación médica y la enviaremos a un médico especialista, que realizará un informe en el que nos dará su opinión fundada sobre si en la asistencia médica se respetaron los protocolos clínicos de actuación; en caso de que no fuera así qué se dejó de hacer que se debiera haber hecho, y las consecuencias de ese mal hacer.

En ocasiones tenemos la percepción de que no se nos ha tratado adecuadamente, de que se no se ha actuado con la premura o la atención debida y que ello ha sido la causa de nuestro mal y, sin embargo, el perito nos dice que clínicamente se ha actuado correctamente y que el daño no proviene de un mal hacer médico sino de la propia enfermedad.

Cuando el perito informa de que ha habido una mala actuación médica que ha causado un daño es el momento de interponer la demanda, respaldada por el informe pericial.

Lo normal es que en un juicio nos encontremos con que con el escrito de contestación a la demanda venga otro informe pericial que concluya de forma opuesta al  peritaje aportado con la demanda, es decir, que afirme que todo se hizo bien.

Por ello es fundamental la comparecencia en juicio de los peritos para explicar y aclarar su dictamen y someterse a contradicción por las partes. En ese trámite los abogados de las partes preguntarán a los peritos intentando poner en evidencia que el perito designado por su parte es el que mejor fundamenta sus conclusiones, e intentando poner de manifiesto los fallos que pudiera encontrar en el discurso del contrario para debilitar sus posición.

Luego, el Juez decidirá.

Ello nos debe llevar a la conclusión de que lo que nos interesa a abogados y clientes son peritos muy capacitados profesionalmente y, especialmente, objetivos e imparciales, pues de lo contrario nos podremos encontrar incursos en un procedimiento judicial creyendo que tenemos toda la razón y que podemos demostrarlo, y llevarnos la desagradable sorpresa de que no es así, con graves consecuencias morales y económicas.

(Por Miguel Cáceres Sánchez)




EL DERECHO, SIN SENTIDO COMÚN, NO ES MÁS QUE UNA CONSTRUCCIÓN INTELECTUAL HUECA.

(Comentarios a la sentencia de la sala de lo civil del Tribunal Supremo, de fecha 13 de Septiembre de 2012)

Cuando estaba en primer curso de la Facultad de Derecho se me abrió un mundo nuevo con el Derecho Romano, debería decir con el Derecho Civil, y cuando llevado de mi entusiasmo hablaba con mi padre de estos temas, él, que no era jurista, a veces me decía: Eso que dices no es de sentido común, no creo que esté amparado por el Derecho.   Sabias palabras.   El Derecho, sin sentido común, no es más que una construcción intelectual hueca.

Con esta base de partida me enfrento a comentar, desde mi modestísima formación jurídica, en comparación con la que ostentan los magistrados de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, su sentencia referida en el título de estas notas.

Y comenzaré por el final, es decir, el resultado final a que llega la sentencia del Supremo: A los padres de un chico de quince años, que tras un accidente de tráfico quedó en estado vegetativo, y que falleció nueve meses más tarde, y a los que el Juzgado de Primera Instancia concedió una indemnización de 897.188,64€, el Tribunal Supremo la reduce a los siguientes conceptos y cantidades:

Por incapacidad temporal (tiempo de hospitalización y hasta su estabilización), 10.016,44€.

Por lesiones permanentes (secuelas: el estado vegetativo y el perjuicio estético), 2.765€, de cuya cantidad corresponden 2.705€ por las secuelas fisiológicas (el estado vegetativo), y 60€ (sí, sesenta euros) por las secuelas estéticas.

Por perjuicio económico consecuencia de las secuelas, 276,5€.

Por daños morales complementarios, al alcanzar la puntuación de sus secuelas los 100 puntos (el máximo posible de puntuación), 150€.

Por incapacidad permanente absoluta y gran invalidez, 1.000€.

En total suma la indemnización a percibir por los padres, como herederos de su hijo, es decir por lo que habría correspondido al hijo, por todo concepto, la cantidad de 14.207,94€.

Sin duda compadecida la Sala por tan clamorosamente escasa suma, la incrementa en un diez por ciento, quedando el total definitivo a percibir por los padres en la cantidad de 15.628,73€.   Sin intereses.

No me cabe la menor duda de que cualquier persona, de cualquier condición y formación o nivel cultural, se escandaliza al leer lo anterior.

¿Cómo es posible que el Pleno de la Sala, constituido por DIEZ magistrados, haya suscrito por unanimidad tal cosa?

Ha sido posible porque, como a veces ocurre, las construcciones jurídicas, por muy correctas que parezcan técnicamente, resultan aberrantes en función del resultado al que llegan, pues no olvidemos que la función de los jueces es interpretar y aplicar la ley, pero ésta es, ante todo, un instrumento para hacer JUSTICIA, y si ese fin último no se cumple, la interpretación y aplicación que se haya hecho de la ley podrá ser todo lo aparentemente perfecta que se quiera, desde el punto de vista técnico, pero al final resulta ser una aberración.

Veamos el caso con más detalle.

Los padres reclamaron en su demanda como herederos de su fallecido hijo, es decir reclamando la indemnización que a él le hubiera correspondido por las lesiones que padeció.   El Juzgado de Primera Instancia les concedió una indemnización por importe de 897.188,64€, con intereses.   Recurrida en apelación la sentencia por la aseguradora condenada al pago, la Audiencia la revocó y además condenó a los padres al pago de las costas judiciales (les habría representado unos 70.000€).   El Tribunal Supremo revoca esta sentencia, pero rebaja la indemnización a la cantidad dicha de 15.628,73€, sin intereses ni costas de ninguna instancia.

En la sentencia del Supremo se parte de la afirmación, correctísima, de que el derecho de la víctima lesionada a ser indemnizado se adquiere en el momento de sufrir el accidente, aunque la determinación de su alcance, concreción y valoración, se obtiene con el alta médica.   Y se mantiene, correctamente, que ese derecho se transmite a los herederos de la víctima si fallece antes de reclamar judicialmente su importe.

Ahora bien, entiende la sentencia que dado que el fallecimiento se produjo como consecuencia del mismo accidente y no por causa ajena al mismo, hay que tener en cuenta el corto tiempo que vivió la víctima con sus padecimientos, en relación con la esperanza de vida que tenía (que no se dice), por lo que aplica una simple regla de tres, y como el resultado le parece exiguo (obvio) lo aumenta en un generoso diez por ciento, y así llega a la cifra de 15.628,73€.

Prescindiendo de las razones técnicas que la sentencia explicita para llegar a tan aberrante solución, que desde luego no comparto, y que no expongo aquí, dado que pretendo que las personas normales entiendan lo que digo, me resulta repugnante reducir el dolor humano a cifras.    Es verdad que parece ser que no hay más remedio, aunque sabemos que no se puede cuantificar el dolor en dinero ni en cualquier otra dimensión, y al fin y a la postre no queda más que indemnizar con dinero, lo cual es el sistema legal vigente en España y en todos los países civilizados.   Pero cuando la indemnización resultante es tan escandalosamente parca, la cosa se convierte en ofensiva.

Resulta curioso que con anterioridad a esta sentencia, el mismo tribunal dictó otra el 10 de diciembre de 2009 en un caso igual, es decir fallecimiento de la víctima, que quedó tetrapléjica, a los dos años del accidente, y antes de reclamar su indemnización, y sucesión de sus herederos en su derecho, y en tal caso se tuvo en cuenta su edad (61 años) y esperanza de vida, y se concedió a los herederos una indemnización de 421.456,30€, con intereses del artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro, es decir el interés legal incrementado en un cincuenta por ciento, durante los dos primeros años desde la fecha del siniestro —5 de marzo de 1999—, y del 20% anual durante el resto, lo que vino a representar, a la fecha de la sentencia del Supremo, la cantidad de 781.955,87€, casi el doble del principal.

¿Por qué esa diferencia de trato?

Pues porque por razones técnicas el Tribunal Supremo alcanza distinta conclusión debido tan sólo a un hecho: Que el fallecimiento en el caso de la señora no tuvo nada que ver con el accidente, mientras que en el caso del muchacho su muerte fue causa directa del accidente.

No quiero entrar en el análisis de tal diferencia técnica, pues no escribo aquí para juristas, sino para gente del pueblo llano.   Pero sí diré que me reservo la ocasión para hacerlo más adelante.

Por cierto, se me olvidaba.   Este caso, conforme con la reciente Ley de Tasas Judiciales, hubiera costado a los padres la bonita suma de 34.917,43€.   No habrían percibido ni para pagar las tasas y encima habrían tenido que poner dinero, más lo que les costara el abogado y procurador, más de 100.000€ por ambos conceptos, tirando por bajo.

Por Pedro A. García-Valcárcel Escribano (socio fundador de GV&C)

 

 




EL SISTEMA SANITARIO EN ESPAÑA

El 90% de la asistencia sanitaria en España se materializa a través de Instituciones Sanitarias públicas o privadas.

Los servicios sanitarios autonómicos de salud (SAS, SMS, SMAS, SBS, etc, ,,,) que serían entidades públicas.

Son de carácter privado las compañías aseguradoras médicas como ASISA, SANITAS, ADESLAS, DKV, etc …

Estas instituciones sanitarias tienen los recursos necesarios para prestar asistencia a sus beneficiarios/asegurados: hospitales, consultorios, maquinaria y material médico, y lo más importante personal facultativo y sanitario.

También existe la posibilidad de acudir a un médico privadamente.  En este caso el paciente elige al médico y le paga sus honorarios directamente.

 

¿NEGLIGENCIA MÉDICA O SANITARIA?

En sentido amplio hablamos de negligencia sanitaria cuando en cualquier estrato del sistema sanitario se produce un fallo o una anomalía con consecuencias para el paciente.

En sentido estricto hablamos de negligencia médica para designar la mala actuación de un médico que causa un daño al paciente.

Podemos decir que toda negligencia médica es sanitaria pero no toda negligencia sanitaria es médica.

Las instituciones sanitarias, públicas o privadas, son responsables de organizar y dotar a su personal de suficientes recursos como para prestar una asistencia sanitaria de calidad. El incumplimiento de sus deberes puede causar daños directos a los pacientes como, por ejemplo, las indeseables listas de espera para cirugía y pruebas complementarias; daños producidos por máquinas en mal estado de funcionamiento, o, la masificación con la consiguiente rebaja de la calidad asistencial.

Los hospitales también han de estar bien gestionados y organizados pues de lo contrario se producirán daños consistentes en errores y retrasos diagnósticos por descoordinación entre servicios y en infecciones nosocomiales por incumplimiento de los protocolos de asepsia.

La labor del personal auxiliar es importantísima a la hora de evitar infecciones hospitalarias por falta de asepsia, o en el caso de los celadores son fundamentales para garantizar el adecuado traslado de los enfermos dentro del hospital lo que puede evitar retrasos vitales en urgencias, caídas de los pacientes y otros accidentes.

Sobre el personal de enfermería es fundamental para el control del estado del paciente y debe avisar al médico ante cualquier alteración  de sus constantes, además tienen  la responsabilidad de administrar los tratamientos y realizar las curas.

Su mala actuación puede dar lugar a que pasen desapercibidos episodios de gravedad (infartos, ictus, etc, …) por no avisar al médico a tiempo, y también se han dado casos de defectuosa administración de medicamentos.

Los médicos son la pieza fundamental del sistema, sus errores pueden ser fatales para el paciente.  Pueden causar daño por omisión mediante retrasos y errores diagnósticos y de tratamiento, o, por acción, normalmente en intervenciones quirúrgicas.  También pueden ser responsables por no informar correctamente al paciente antes de realizarle cualquier prueba invasiva o de las distintas alternativas de tratamiento.

Así pues, tenemos que en el ámbito de la prestación sanitaria no todo queda reducido al médico.

 

RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE

La confianza y el respeto entre el médico y el paciente es fundamental.  Debemos respetar y confiar en médicos y sanitarios, pero debemos exigir lo mismo de ellos.

El médico es el mejor aliado del paciente, quien más puede hacer por él.

Pero no se olvide que el enfermo y los familiares más próximos poseen información que el médico no tiene y que puede ser fundamental.

PREVENCIÓN DE NEGLIGENCIAS MÉDICAS

Si creen que se está minusvalorando la gravedad de la situación, intenten hacer  entender al facultativo o al sanitario – con toda la educación y la calma de que sean capaces-, que conocen al paciente y que pueden asegurarle que nunca antes han visto a su familiar en tal situación, y que nunca ha tenido tales síntomas de esa manera.  Eso forzará al médico o al sanitario a explicarles por qué no deben estar preocupados y para ello tendrá que repasar el caso mentalmente con lo que ya habremos ganado una segunda  valoración médica propia o de nuestro familiar.   Intenten hacerle entender que no le están criticando sino que quieren colaborar con él, facilitarle las cosas.

Si pese a ello no obtienen respuesta o la respuesta es insatisfactoria:

1.- Extremen la vigilancia sobre el paciente, y al menor empeoramiento avisen inmediatamente a enfermería, o vuelvan a llevar al paciente a urgencias.

2.-En el ámbito hospitalario acudan a “Atención al paciente” y formulen una queja contra la enfermera/o o contra el facultativo, explicando la situación y guarde siempre una copia sellada.  Hágalo tantas veces como sea necesario. Tenga en cuenta que eso dejará constancia de su actuación y de la sintomatología que presentaba el paciente.  Si no lo hace sólo quedará la versión de los hechos anotada en la historia clínica.

3.- En caso de desatención clara y grave, advierta de que va a acudir inmediatamente al Juzgado de Guardia para poner una denuncia por desatención; si no obtiene resultado, hágalo.

4.- Contacte inmediatamente con un abogado especializado ¡Se trata de evitar que la desatención médica tenga consecuencias!

5.- Guarde copia de toda la documentación posible.

 

ANTE UNA NEGLIGENCIA MÉDICA CONSUMADA

Contacte inmediatamente con un abogado especializado.

Él le ayudará a obtener toda la documentación médica necesaria para estudiar el caso.

No todas las “desatenciones” o comportamientos inadecuados causan daños al paciente.  El abogado no es médico, por esto le facilitará un perito médico de profesionalidad e independencia contrastada que estudie y valore el caso.

El perito puede informar en dos sentidos:

- La actuación médica fue correcta y el daño no es consecuencia de un mal hacer médico.  En cuyo caso, ud. habrá obtenido una explicación sobre el daño causado que a lo mejor no le han dado en el sistema de salud.

- La actuación médica fue incorrecta y causó el daño sufrido por el paciente. En tal caso habrá de plantearse si quiere reclamar o no quiere reclamar.

Si quiere reclamar será el momento de estudiar la vía de reclamación.

VÍAS DE RECLAMACIÓN

1.- Administrativa.-

Cuando la asistencia sanitaria se ha prestado en el ámbito público.   En esta vía no se puede reclamar contra el médico o contra el autor del daño, la Ley lo impide.  Es obligatorio dirigirse contra el Servicio autonómico de salud correspondiente.

Lo que se puede reclamar es una indemnización económica.

2.- Civil.-

Cuando la asistencia sanitaria ha sido prestada en el ámbito privado.  Se reclamará una indemnización económica.

3.- Penal.-

Reservada para los casos más graves tanto por el resultado dañoso como por la gravedad de la imprudencia.

Se puede reclamar penas de prisión e inhabilitación, y también la reparación económica del daño.

Su abogado le ayudará a decidir cuál es la vía que mejor se adapta a su caso.

POR MIGUEL CÁCERES SÁNCHEZ (Cofundador de GV&C)




NEGLIGENCIAS MÉDICAS MÁS COMUNES

Las negligencias se pueden dividir en varios grupos, que por su importancia tienen que estar en la cabeza de los médicos para evitarlas:

  • INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS ERRÓNEAS

Las consecuencias de estas intervenciones quirúrgicas son empeoramiento de las lesiones primitivas fallecimientos, tetraplejias, parálisis… Puede darse por un error de diagnóstico o un error en la interpretación de las pruebas efectuadas. No es extraño encontrarse que un cirujano se ha olvidado material quirúrgico dentro del cuerpo del paciente.

  • EMPLEO INADECUADO DE LOS MEDIOS DE DIAGNÓSTICO

La tardanza en la utilización de los medios adecuados o la falta de coordinación genera situaciones no deseadas con consecuencias directas para los pacientes. Tiene una incidencia especial en los procesos oncológicos.

  • DESATENCIÓN AL CONSENTIMIENTO INFORMADO

La información previa al paciente y las consecuencias de los actos médicos, especialmente en cirugías de muchos tipos, son determinantes a la hora de la toma de decisión por parte del paciente y su entorno. La propia necesidad de tener conocimiento de todos los factores es una ayuda para que el cirujano haga un trabajo correcto. La falta de atención al Consentimiento Informado no es un error administrativo exclusivamente, es un error que puede generar situaciones no deseadas.

  • INFECCIONES HOSPITALARIAS

El perfecto seguimiento de los protocolos de actuación ayuda a evitar los contagios sanguíneos de enfermedades como SIDA, hepatitis… A la vez la correcta esterilización agujas, sondas, etc permite que haya menos riesgo de contagio en quirófanos causados por las bacterias del entorno.

  • FALTA DE ATENCIÓN EN URGENCIAS

Las urgencias son un foco de tensión porque el paciente está en situaciones “extremas” en muchas ocasiones. La ausencia del facultativo en el momento del ingreso, no darle la importancia adecuada a un síntoma o a una prueba puede generar situaciones que conllevan graves problemas para los médicos.

  • RESULTADO NO DESEADO EN CIRUGÍA ESTÉTICA

Las liposucciones, procesos de adelgazamiento y otros tratamientos con resultados no satisfactorios pueden completar unos problemas directos sobre el médico por que las expectativas del paciente no coinciden con los resultados.

Si cree que ha sido víctima de una mala asistencia médica no dude en contactar con nosotros cuanto antes y exponernos su caso.

Por GARCÍA-VALCÁRCEL Y CÁCERES ABOGADOS

 




NO SILENCIES SUS VOCES

Como supongo que sabréis, el 17 de septiembre de 2012 iniciamos una campaña publicitaria con el lema “Damos voz a las víctimas …”

Como es lógico cuando empezamos a trabajar en el proyecto tenía mis dudas acerca de si seríamos capaces de lograr transmitir con claridad el mensaje que queríamos, sin que pudiera ser malinterpretado.

Es muy delicado dirigirse a aquellos que se encuentran inmersos en el sufrimiento para decirles que deben reaccionar y luchar por sus derechos.   De no hacerse con exquisita delicadeza se puede incluso provocar más dolor aún, si cabe.

Por otra parte, queríamos hacer la campaña.  Queríamos hacer público y comunicar a nuestros conciudadanos  que estamos orgullosos de trabajar en el campo de la responsabilidad civil sanitaria.  Y que podían contar con nosotros para luchar por la reparación de situaciones muy injustas.

Una vez iniciada la campaña creo que lo hemos conseguido.  Hemos dicho en voz alta y clara: ¡Aquí estamos! GV&C, no tiene miedo a sacar a la luz la verdad:  ¡Sí! ¡a veces durante la prestación de la asistencia sanitaria se causa a daño a un paciente, y éste tiene derecho a que se le reconozca y a que se le indemnice!

Son muchas las voces que nos han felicitado, y aprovecho este espacio para agradecérselo.

También sé que la campaña ha sentado muy mal en determinados ámbitos, incluso se ha suspendido la publicación de nuestro anuncio en “SALUD 21” por “presiones externas” y por no responder a una actitud “positivista”.   No nos importa, no queremos caer bien a quienes no les gusta o no les interesa que se descubra una negligencia médica; lo que queremos es una sociedad más justa, aunque a algunos les duela.

Por Miguel Cáceres Sánchez (Cofundador de GV&C)




YO TAMBIÉN FUI VÍCTIMA

En 1998 fui víctima de una negligencia médica.   Me tenían que extirpar unos pólipos en el colon.   El procedimiento a seguir sería por endoscopia, o colonoscopia, y según me dijo el médico era de menos importancia que sacarme una muela, y que podría irme a casa tranquilo esa misma tarde.

Sin embargo no fue así.

Uno de los pólipos estaba muy arraigado.   Según supe mucho más tarde, ante tal situación cabían dos posibilidades.    O intentar quitarlo, con el riesgo de perforar la pared del colon, o pasar a cirugía, abrir el abdomen, cortar el trozo de colon afectado y unir los extremos luego.   El médico no me preguntó.   Decidió él, y decidió seguir intentando quitar el pólipo.   Cuando terminó me dijo que me fuera a casa, que no cenara mucho, y me dio su número de móvil por si me pasaba algo.    ¡Demasiado bien sabía que me había perforado el colon!

A las cuatro de la madrugada me desperté ardiendo de fiebre.   Vomitaba y evacuaba a chorros.   Me sentía morir.   Se me había instalado una peritonitis fecal.

Trasladado en ambulancia a Urgencias de La Vega, el médico que me había intervenido acudió ¡y se negó a admitir que fuera peritonitis!   Se avisó al cirujano de guardia, que al verme cómo estaba se llevó las manos a la cabeza.  Yo estaba medio inconsciente, pero le entendí perfectamente cuando se puso a los pies de mi cama, mientras mi hija Raquel me ponía paños de agua fría en la frente, y me dijo: “Pedro, te voy a abrir y te voy a limpiar por dentro.   ¿Estás de acuerdo?”.   Naturalmente que dije que sí, y poco después me intervino.   Me quitó cuarenta centímetros del colon, que estaban podridos.   Me colocó un ano artificial, y durante cuatro meses tuve que llevar una bolsa de plástico colgando del costado.   Un infierno.

El médico que me causó la lesión, que no quiso reconocer, hasta el punto de oponerse a que me intervinieran de urgencia, aunque me hubiera muerto de peritonitis, confesaría más tarde a un colega: “Lo que más me fastidia es que este enfermo me ha roto la estadística”.

Desde entonces ya no fui el mismo, y además por diversos motivos, no relacionados con lo relatado, he tenido que entrar en un quirófano ya no sé cuantas veces, e ingresar en un hospital, UCI incluida, otro montón más.   Por eso conozco perfectamente cómo se siente un enfermo cuando entra en un hospital.    En ellos he visto cosas buenas y malas.   Gente maravillosa y gente despreciable.   Buenas y malas prácticas.

Siempre digo que la inmensa mayoría de los actos médicos que se realizan, desde una simple inyección hasta el trasplante más complicado, se llevan a cabo por profesionales altamente cualificados y responsables.   Pero hay una minoría de casos en que no es así; y otros en que pese a que el profesional pueda ser maravilloso, como humano que es se puede equivocar y causar un daño que pudo y debió evitar.   Son estos los que perseguimos.   Pero antes nos aseguramos muy bien de que realmente se trata de un caso de negligencia médica.   Nuestros resultados avalan esta forma de actuar: 92% de casos ganados en la jurisdicción civil.

 

Por Pedro A. García-Valcárcel Escribano (Cofundador de GV&C)




NEGLIGENCIAS MÉDICAS

Dentro del ámbito de la Responsabilidad Civil y Seguro destacan por su gran incidencia los casos de Negligencias médicas y accidentes de tráfico. Junto a la desorientación que rodea a las personas afectadas por una negligencia médica o un accidente de tráfico, se suma el desconocimiento y la preocupación por resolver la situación.

En García-Valcárcel & Cáceres nos sentimos orgullosos de poder asesorar y orientar a todos aquellos que se encuentran en un proceso judicial tan personal. Nuestra reconocida labor en este ámbito, nos lleva a ser un referente en el sector dentro y fuera de nuestra comunidad.